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A TODO COLOR

DOCUMENTARY FILM

In the 90's, during the most devastating crisis in Cuban
history, a generation of extraordinary musicians had
to sacrifice home to free their art, and survive.

RANDY VALDES

A Todo Color

The defiant journey of exiled Cuban musicians.

English Title: In Full Color

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In the 90’s, Cuba was suffering a fierce economic, political and social crisis that drowned the country in misery, hunger and desperation. Being the protagonist that music has always been in Cuba, it offered not just an escape but a means of expression during the most oppressive times in the nation’s history. As a result, a new generation of talented musicians and songwriters arose, carrying the torch for a people desperately seeking freedom of expression.

 

The Cuban government decided to freeze all exportation of art and shut off the world from the rich evolution that music was experiencing within the country’s borders. This led to decreasing career opportunities for Cuban musicians, on the island and abroad. While some chose to stay and fight the oppressive system from within, others felt forced to flee the island in hopes to save their art and survive. A Todo Color is a feature documentary that chronicles the story of these musicians.

 

The film stars seven main characters: Luis Barberia, Vanito Brown, Gema Corredera, Jorge Gomez, Yadam Glez, Horacio “El Negro” Hernandez and Roberto Carcasses; artists whose lives were intertwined and bonded by their passion for music and their Cuban roots but their personal circumstances took them on vastly different journeys. The film brings their stories to light, from childhood to the current stage of their prolific careers.

Their strong inclination toward the arts resulted in a different upbringing to that of other children as their studies kept them from what would normally be play time. Their natural talents and hard work led them to an education in Cuba’s National Art School (ENA); a school where all of the nation’s artistic prodigies hope to study. The strict program mandated that students study only classical music, making it even more irresistible to experiment with foreign genres that had been forbidden in the island for decades. Upon graduation, their technical abilities, along with their artistic ambition and will to protest against the suffocating oppression, defined their generation as one ready to push contemporary Cuban music forward.

 

They were part of a society entering the Special Period, when experimental expressions of art were considered by the government as subversive and dangerous. In response, they constructed an underground music scene, sparked by informal gatherings that offered a platform for freely voicing their restlessness. However, they knew that they would never get the support from government-run institutions that had exclusive control over radio play, press, recording studios and live performance opportunities at official venues. For many, the only hope for professional success was to find a way out of the island; starting a new life in a foreign country against all odds.

 

Once again, these musicians had to build their careers from scratch; their music being as alien to their new audiences as they were. In order to insert themselves into those markets, they incorporated influences from these foreign environments in an effort to gain appeal. The result was a rich musical aesthetic that won the hearts of audiences all over the world and reintroduced Cuban music to the international market.

 

After nearly three decades of personal and professional growth, filled with both exceptionally difficult and rewarding experiences, these artists found themselves in some of the world’s biggest arenas. The cast has collected several Grammy nominations and awards, accompanied the greatest and most successful musicians of our time like Carlos Santana, Jack Bruce (of Cream) and Ketama among others. Finally, after many years away from home, Cuba’s political, social and cultural contexts are experiencing a change that is allowing them to return and share their art with an audience that, to their amazement, has faithfully clung to their music.

 

A Todo Color is a story of communion between people through art, using as leitmotif the personal lives and careers of these musicians and their connection with the generation of Cubans they represent. The film is driven by music and dives into extensive live performances by these iconic characters, captured and presented as concert film scenes.

A Todo Color

Borrando Distancias con Rock 'n' Roll y Timba

English Title: In Full Color

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En los años 90 Cuba estaba sufriendo una férrea crisis económica, política y social que sumergió al país en miseria, hambre y desesperación. Como la historia ha demostrado, cuando se enfrenta una crisis que verdaderamente derrumba una sociedad, la creatividad florece. Siendo la música la protagonista que siempre ha sido en Cuba, ofreció no solo una via de escape sino un medio de expresión en uno de los momentos más opresivos en la historia cubana. Como resultado, una generación de talentosos músicos emergió, liderando a un pueblo que buscaba desesperadamente libertad de expresión.

 

El gobierno cubano decidió, como medida preventiva, detener toda exportación de arte y el resto del mundo quedó excluido de la rica evolución que la música estaba experimentando dentro de las fronteras del país. Esto llevó inevitablemente a una dramática reducción de las posibilidades que tenían los músicos cubanos de hacer carrera, y mientras algunos decidieron quedarse y luchar contra el opresivo sistema desde dentro, otros se sintieron forzados a abandonar la isla con la esperanza de salvar su arte, y sobrevivir. A Todo Color (Funky blues and guaguanco,título en inglés) es un documental que narra las historias de vida de estos músicos.

La película está protagonizada por siete personajes: Luis Barberia, Vanito Brown, Gema Corredera, Jorge Gómez, Yadam Glez, Horacio “El Negro” Hernández y Roberto Carcassés; artistas conectados a través de la pasión por la música y sus raíces cubanas. El filme arroja luz sobre estas historias, desde la infancia hasta dónde los han llevado sus prolíferas carreras.

 

Desde niños, su fuerte inclinación por las artes definió una infancia diferente. Sus estudios los alejaron de lo que sería considerado como normal pero su talento natural y su dedicación los llevaron a la Escuela Nacional de Arte, una institución en la que los prodigios musicales del país soñaban estudiar. El estricto programa dictaba que los estudiantes se dedicaran exclusivamente a la música clásica, haciendo aún más irresistibles los deseos de experimentar con géneros foráneos, prohibidos por décadas en el país. A punto de graduarse, sus habilidades técnicas, ambiciones artísticas y voluntad de protesta, definieron su generación como un movimiento listo para empujar la música cubana contemporánea hacia adelante.

 

Fuera de la protección de la escuela, los graduados fueron recibidos en una sociedad a las puertas del Periodo Especial, cuando las manifestaciones de arte experimental eran consideradas por el gobierno subversivas y peligrosas. Como respuesta, esta generación encendió una escena musical clandestina, construida a través de reuniones informales, que ofrecieron una plataforma ideal para dar voz a su inquietudes y su rebeldía. Sin embargo, estaban conscientes de que no tendrían el apoyo de las instituciones gubernamentales con absoluto control sobre la radio, la prensa plana, los estudios de grabación y las oportunidades para presentarse en plataformas oficiales. Para muchos, la única esperanza de éxito profesional radicaba en encontrar una manera de salir de la isla; empezar una nueva vida en un país extranjero, en contra de todas los pronósticos.

 

Una vez más estos artistas tuvieron que abrirse camino desde cero, siendo su música tan ajena para nuevas audiencias como ellos mismos. En aras de insertarse en estos mercados, incorporaron influencias de su entorno como estrategia para ganar atractivo frente a un público foráneo. El resultado fue una rica estética musical que conquistó los corazones de audiencias del mundo entero y reincorporó la música cubana al mercado internacional.

 

Pasadas alrededor de tres décadas de crecimiento personal y profesional, llenas de extremadamente difíciles y reconfortantes experiencias, estos artistas se vieron a sí mismos en algunas de las plataformas musicales más importantes del mundo. Los protagonistas de la película han merecido múltiples nominaciones y premios Grammy, han acompañado a los más importantes y exitosos músicos de todos los tiempos como Carlos Santana, Jack Bruce (de Cream), Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba, Wynton Marsalis, Jon Patitucci, George Benson y Ketama, entre otros. Finalmente, después de muchos años lejos de casa, el contexto político, social y cultural cubano empezó a experimentar cambios que permitieron a estos artistas el regreso y el intercambio de su música con una audiencia que, para su sorpresa, había seguido fielmente su carrera.

 

A Todo Color (Funky blues and guaguanco) preserva historias de vida, música y comunión entre la gente a través del arte, usando como hilo conductor las historias de vida y carreras de estos músicos, y la conexión con la generación de cubanos que representan. El filme, como sus protagonistas, está movido por la música y se sumerge en extensas presentaciones en vivo de estos íconos capturadas como escenas de concierto. Las presentaciones fueron filmadas múltiples cámaras de cine digital 4K y grabadas y mezcladas usando sistema de alta calidad.

 

Randy Valdés, director del documental, ha trabajado por años con estos músicos, documentando conciertos, produciendo videos musicales, paquetes electrónicos de prensa (EPK), entre otros proyectos. La relación personal que desarrollaron le ha dado a Randy un acercamiento único a las historias incluidas en la película. Más aún, siendo cubano de nacimiento, criado en Miami, hizo posible la producción incluso antes de que las relaciones entre ambos países comenzaran a evolucionar.